Cernuda es mucho Cernuda. En realidad quién me iba a decir que de todos los autores de la Generación del 27, por dejarme de quisquillosidades y darle un nombre rápido y pronto, me iba a quedar con la obra de Luis Cernuda, y ya en otro orden de preferencia con detalles, grandes poemas u obras de Federico García Lorca, u otros de Rafael Alberti.
Paseando por las estanterías virtuales de Libros Orwell esta tarde me he tropezado con Ocnos. Esta joya de la literatura de nuestro idioma tardé un buen tiempo en saborearla y valorarla. Antes entraron por los ojos y con la fuerza de la tradición y el influjo de la fama, que la Transición de todo trajo, y más en el ámbito de la educación, las obras de Alberti, Aleixandre, Salinas, recuerdo, el primer Gerardo Diego, porque con aquello de las vanguardias me sedujo... Leímos de todo en aquel tiempo, como siempre, sin orden ni demasiado criterio, y escribimos pensando que un hombre habla como un poeta puro de 1930 escribía. Y naturalmente nada de todo aquello sobrevivió.
La formación, las lecturas nos fueron haciendo otros y dejando un poso de juicio que solo encontró interlocutores en los poemas y los textos de Luis Cernuda. Pero antes aún teníamos que ir a Sevilla, adonde podemos asegurar que fuimos llevados por Luis Cernuda, en 1988, por el anuncio que leímos de la realización de un congreso internacional que se dedicó a su memoria, a principios de mayo. No sé bien qué nos dio para en cuestión de 48h coger el equipaje y largarnos con un tren nocturno a su ciudad, sin preparativo alguno. Locuras de una edad. El congreso tuvo sus ratos: no olvidaremos a Octavio Paz, a Rafael Santos Torroella, entre otros, paseando por los jardines del Alcázar de Sevilla, tan próximos y tan en su mundo. Asistíamos a las sesiones aguantándonos el sueño, que no sabíamos donde esconder.
Y lo mejor no lo cuento. Sevilla es mucha Sevilla.




