Hay libros que te acompañan a lo largo de toda una vida, que eres capaz de leer en otras lenguas para descubrir lo que en la primera, segunda y tercera lectura se te pasó por alto. La fuerza de sus historias, la construcción de sus relatos no disminuye ante la frontera de las traducciones, sino que se expande como nube de polvo volcánico. Son libros que te encuentras en todas partes, como hoy me ha pasado al entrar en Libros Orwell. Las Narracions Extraordinàries son una versión que realizó el poeta Carles Riba, entre cuyos otros trabajos merece ser recordada su edicion de la Odisea.
| Edgar Allan Poe, circa 1849 |
La primera edición de los cuentos de E.A.Poe que vi fue la que Tomás se compró allá por 1980, editado por Plaza & Janés, cuando todavía no se podía imaginar que fuéramos a tener una biblioteca allá donde fuera que llegáramos a dormir a lo largo de nuestra vida. Y si nuestros maestros de por entonces tuvieron su parte de responsabilidad ante la fiebre literaria que nos pilló tan tempranamente, no menos debería atribuírsele a la compañía de Edgar Allan. Desde entonces, en muchos escritos, más en los de T.C. que en los míos, apareció un tinte macabro, un signo de terror o misterio que solo se puede atribuir al influjo de Poe. Compartíamos ciertas preferencias por algunos cuentos. Cómo no, por "El gato negro", "El pozo y el péndulo", "La caída de la casa Usher", "El caso del señor Valdemar", por su poema "El cuervo", y pasados unos días sin vernos siempre nos descubríamos la pasión por algún nuevo detalle en "El barril de amontillado", "Berenice", "El escarabajo de oro"... No tardamos en acudir a los Cuentos Completos, que tradujo otro grande, Julio Cortázar, y allí nos dimos una idea más certera de todo el potencial de la obra de este hombre. Y asi mismo, él fue el responsable de que fuéramos estirando de la cuerda que inicio, y conociéramos a Baudelaire y, de aquí, con el tiempo, a casi todo el mundo que de una manera u otra alabaron su obra.
Al leer su biografía, extraña incluso cómo pudo tener tiempo para escribir tanto, si su tiempo fue breve y no tuvo por otra parte una vida tan relajada. Su obra sigue vigente porque sus personajes siguen hablándonos, porque más que los temas que los catalogan sus cuentos están protagonizados por seres reconocibles en sus personalidades, en sus manías y enfermedades. Su sentido de la ironía no es menor, pues nos muestra el desapego que sentía hacia esta sociedad y sus costumbres. Solo en un mundo que no tuviera parecido a este, su obra dejaría de hablarnos, e incluso entonces quién sabe si no sería esa ficción futura una nueva pesadilla de un mundo que muchos creeríamos encerrado en el sueño de un hombre que malduerme tirado en un rincón de una calle céntrica.
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