viernes, 14 de octubre de 2011

Una idea de la poesía

Cuando entro en una librería, me gusta descubrir su organización y, una vez ubicado, me voy directo a las secciones que han despertado mi interés, siempre con el celo aquel de encontrar el libro que lleva años esperándome en sus estanterías, aquel que no ha llegado allí fruto de las novedades, sino que ha sido rechazado por numerosos clientes, hasta que lo he visto, lo he valorado y se ha venido conmigo.
En LibrosOrwell esto no puedes hacerlo. Su ordenación viene dada por los libros que se suben al espacio web regularmente cada cierto tiempo. Y si tienes algún interés debes acudir al buscador o bien dejarte llevar por el rastreo minucioso. Hoy he entrado y me he saltado 6 o 7 páginas, las iniciales. Me he ido a lo que sería la trastienda, y allí estaba la Poesía, cuartel de invierno de Luis García Montero, esperándome. Una segunda edición. Se trata de un libro que, en el momento que apareció, me causó una gran impresión. La formulación de un ideario poético con tal argumentación y apoyo teórico me desbordó, me admiró. Lo que decían sus páginas superaba con mucho lo que un licenciado en ciernes, como yo por entonces, podía llegar a escribir, de lejos. Más aún, si consideras que él mismo escribió este texto en la misma etapa de su vida. Su idea de la poesía tiene la consistencia y la fortaleza que luego hemos visto en sus libros de poemas. Y está a la altura formal y literaria que el género ha adquirido a lo largo del s. XX. Relee la tradición, la interpreta en su contexto y en el propio y elabora su perspectiva sobre la historia y sobre el presente.
Recuerdo una noche en la Sala Europa junto a Luis, con Tomás y el resto de la tropa, acabados ya los gintonics, los cuartos o quintos que nos tomábamos. Le comenté que habíamos leído su ensayo y que nos gustaría escribir una reseña, como muestra de gratitud lectora y de complicidad literaria. Aquella reseña no la escribí nunca (a diferencia de otras que más me valdría no haber escrito), entre otras razones, porque no supe sintetizar el contenido de su libro en un par de cuartillas. Luis me ha parecido siempre uno de esos talentos literarios, escasos, que se dan en nuestro país. Y las veces que le he oído hablar no ha sido gratuitamente lo que ha dicho, aunque esos momentos no abundaron, pues siempre aparecía el moscardón que quería lucirse frente a los maestros, y estos, cuando se lo veían venir, levantaban el vuelo, y en su táctica de la confusión y de la huida algunos perdíamos la oportunidad de iluminarnos en medio de la altas horas de la noche.
A este libro, sucederían otros ensayos también interesantes, dignos de tener en la memoria, como la edición crítica que hizo de la obra de Gustavo Adolfo Bécquer, El sexto día o Los dueños del vacío. Haber tenido la suerte de conocerlo y compartir sus ideas es algo más que agradecerle al Maestro, a Pere Rovira. Ser coetáneo suyo y poder seguir leyendo cuanto escribe es un orgullo personal que nos enriquece.

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